3 de agosto de 2014

Campus de la Universidad de Antioquia: espacio sin control

“Me duele el alma”, me dice el vicedecano de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, Hernando Muñoz, un día después de que fuera agredido física y verbalmente por una mujer y un hombre, luego de que los reconviniera por utilizar un espaciopeatonal del Bloque 9 en el campus universitario de
la Universidad de Antioquia como lugar de parqueo de una motocicleta.



Ante un llamado de atención respetuoso por parte de Muñoz, lo que recibió a cambio fue una andanada de empujones, golpes, escupitajos y patadas de la joven, de quien no se sabe si es estudiante o no del Alma Mater, y fuertes insultos del muchacho, del que se confirmó después es un estudiante de Derecho. Horas más tarde apareció en la oficina del docente el esposo de la mujer, sin que tampoco se advirtiera si es alumno o no del centro universitario, y lo amenazó de muerte. 

“Estamos perdiendo en esta universidad el concepto de comunidad y el sentido de lo público”, agrega Muñoz, y afectado por la agresión, más en lo espiritual que en lo físico, se mostró decepcionado por el comportamiento de sus agresores y me hizo una pregunta que hoy recorre los pasillos de las distintas facultades del campus: “¿quién pone orden en la Universidad de Antioquia?”.

Ventas ambulantes por doquier y sin ninguna regulación, degradación de los espacios comunes, hacinamiento vehicular, atracos a mano armada y expendio de sustancias alucinógenas son parte de los problemas que padecemos no solo quienes hacemos parte de la comunidad universitaria por razones de trabajo y estudio, sino de aquellos que nos visitan, entre los que se encuentran numerosos académicos extranjeros.

La situación no es nueva, por el contrario, tiende a agravarse. Hace poco menos de cuatro años, en octubre de 2010, escribí una columna publicada en este mismo espacio en la que afirmé que “era visible que el campus se les salió de las manos hace varios años a las autoridades universitarias”. Y lo peor es que se ha venido degradando de manera preocupante, sin que las directivas, que son las mismas de aquel año, hagan nada al respecto. En suma, la Universidad de Antioquia es un espacio sin control.

En un comunicado divulgado por los representantes profesorales de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, a propósito de las agresiones contra el vicedecano, se dejó constancia de ese deterioro: “El campus universitario viene progresivamente transformándose en un espacio en el cual el respeto por la norma no es la realidad cotidiana, y en el cual algunos creen poder hacer su ley y actuar más allá de lo acordado y consensuado”.

Al reaccionar sobre esos hechos y rechazar lo ocurrido, la decana de la Facultad, Gloria Patricia Peláez, aseguró que el Alma Mater “estamos viendo como día a día se impone esta lógica egoísta del uno, lo vemos en los negocios ilegales que crecen, en el irrespetuoso y descarado parqueo de carros y motos en los pasos peatonales, en la obstrucción de los corredores y sitios para el estudio”.

En su comunicado hizo una reflexión sobre lo público, un tema esencial en una universidad estatal, y en referencia a la Universidad de Antioquia advirtió que “se ha convertido en espacios privados para los objetos y no para los sujetos que son entonces desplazados y violentados. Nos encontramos con que poco importa el respeto al espacio que compartimos, que debe ser de todos, sino que unos pocos se toman la atribución de ser amos de lo público para su satisfacción individual, ultrajando el derecho del otro”. 

Reitero, el campus de la Universidad de Antioquia se salió hace varios años de control y la pregunta que se deriva de ello es: ¿por qué se llegó a ese nivel de intolerancia y degradación? Preocupa que una institución que dispone, para este año, de un presupuesto de un poco más de 700 mil millones de pesos, no posea las herramientas ni el conocimiento ni la voluntad política para cambiar esa tendencia degenerativa del espacio público.

También inquieta la inercia de las facultades, escuelas e institutos que tienen sus oficinas, centros de investigación y programas en el campus universitario, para aportar a las soluciones que requiere el campus universitario. Uno siente que todos esos fenómenos descritos se volvieron parte del paisaje y por tanto no requieren intervención alguna.

Otro aspecto preocupante no solo es la falta de apropiación del estudiantado de los problemas que allí se presentan sino de las agresivas reacciones que asumen cuando, como en el caso del vicedecano Muñoz, se le reconviene por alguna situación que va en contravía del uso del espacio público. Ello ha generado un fenómeno que agrava la situación: el miedo. 

Se le teme al estudiante, por tanto, no se le denuncia, no se le cuestiona, no se le castiga disciplinariamente, mucho menos se le puede advertir una falla en el uso del espacio público del campus universitario y muchos han optado por el silencio. Ese miedo reflejado en las palabras de los docentes impacta y más aún cuando se habla de ello en un espacio que está concebido para el conocimiento, la discusión, el disenso. El miedo corroe el espíritu universitario y eso, en sí, es una de las mayores degradaciones posibles en el mundo académico.

A mi juicio, las ofensas contra el vicedecano Hernando Muñoz, son algo más que un acto de agresión, es la expresión del descontrol que hoy padecemos en el campus universitario y nos está diciendo que pese a los excelentes resultados en investigaciones que ha logrado este centro de estudios superior en su historia y la buena imagen que tiene en el país y en el exterior, la pedagogía se quedó corta en llegarle al espíritu de sus estudiantes, esos que ante una reconvención verbal reaccionan con empujones, golpes, escupitajos y patadas. En esa reacción hay un texto que se debe saber leer para intervenir eficazmente los problemas que aquejan a la comunidad universitaria y ponerle fin al descontrol que nos aqueja.

En Twitter: @jdrestrepoe
*Periodista y docente universitario.

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